31.12.06

¿LOS ÁRABES VISITARON CANARIAS?


DATOS DOCUMENTALES Y SENTIDO COMÚN


Miguel Leal Cruz
Doctor En Ciencias de la Información (ULL)
Licenciado en Geografía e Historia (UNED)


Tuvo lugar, en la tarde del viernes 29-12-06, la presentación del libro "La Cronología de Canarias" a cargo del Catedrático de Historia de América de nuestra Universidad el Dr. Manuel de Paz Sánchez, cuya redacción y documentación estuvo a cargo entre otros del Ldo? Oliver Quintero Sánchez, a quién durante la exposición y consiguiente debate, tras elogiar la utilidad referencial del mismo, preguntamos: ¿el libro parece que carece de datos cronológicos para los siglos I al XV de nuestra Era, salvo aspectos puntuales? La argumentación a esta observación no pudo ser más pueril al apuntar que se carecían de vestigios probatorios para esa larga etapa ¿...? En su virtud hablamos de la enorme pujanza de los musulmanes en España (antes los vándalos y bizantinos), que tuvieron a Córdoba como capital del Mundo Islámico desde en torno al siglo X y XI. Por ello se apuntaba se recurriera a los numerosos archivos musulmanes (Marrakesh, Túnez, El Cairo y Argel entre otros) para paliar en parte tal oscuridad histórica y por ende cronológica. La contesta fue, a nuestro parecer, poco rigurosa, lo que nos lleva a recordar otro debate en el mismo CCPC (Centro de la Cultura Popular Canaria)
En los debates surgidos en el CCPC durante la presentación del diccionario guanche del que es autor el polifacético investigador Francisco Osorio Acevedo, nos atrevimos a participar en la controvertida discusión, en virtud de algunos conocimientos históricos plasmados en algún que otro artículo sobre nuestra África Próxima, para intentar introducir en dicho debate argumentos sobre la más que probada influencia árabe en estas islas. No decimos en la lengua hablada por los habitantes originarios, que muy bien pudieron haber permanecido aparte, gran número de ellos, de la posible influencia cultural de aquellos, sino en la presencia física, humana y económica que debieron tener, sobre todo durante el periodo de máximo poder y esplendor del Islam, entre los siglos VIII y XIV. Un imperio éste, que se extendía desde España a todo la parte sahariana de África, todo el sur de Asia y hasta la actual Indonesia y Filipinas, (considerando que no olvidarían a este territorio fértil y rico como eran las Islas Canarias, además bajo su clara zona de influencia, y situadas en la ruta obligada para el oro, esclavos, ébano, etc., y por tanto muy frecuentadas como bases de escala y aprovisionamiento).
Sólo menciono, respecto a una etapa de gran florecimiento a sólo mil quinientos kilómetros de las Islas, lo que cualquier texto de historia dice: “El Califato de Córdoba, que siguió al Emirato Omeya, instituyó la consolidación definitiva del aparato estatal... Posteriormente, Al Mansur, interviene en la política norteafricana, sobre todo reafirmando el control sobre la ruta del oro a través de Siyilmasa ( a largo de la actual Mauritania o Níger o por barco a través del estrecho de mar que separa Canarias de África)... Adoptó una postura religiosa integrista... ”
Elías Serra Rafold nos describe en el número diecisiete del Anuario de Estudios Atlánticos, lo siguiente: “la población bereber fue sometida brutalmente por los árabes nómadas hasaníes desde mucho antes y cuyos rasgos recuerdan a los canarios por sus abundantes barbas y sus vestidos de pieles”.
Los propios habitantes de la costa próxima africana: los zenatas, entroncadas con etnias berberófonas, fueron movilizados hacia el sur (actual Mauritania?), por los árabes hasaníes.
Aspectos que confirman lo expuesto lo obtenemos del mismo Serra, cuando analiza un texto árabe escrito por Ibn Jaldúm en el siglo XIV, trascrito a través de la traducción de García Gómez, siendo Serra Director y Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Laguna, del que refiriéndose a estas Islas, extraemos: “ No se da con el lugar, de no ser se las tope por casualidad y nunca a propósito”, y añade “ descripción echa con intención de medrar a los aventureros”, si bien en otros textos se da por hecho que por aquellas fechas pescadores andaluces y portugueses faenaban en las proximidades del Archipiélago”. Puesto que otro estudioso de nuestro pasado, Vernet, define dichos textos árabes como interesados ya que la derrota nunca se perdió y fue conocida desde la misma antigüedad clásica. El dominio árabe desde la Península Ibérica o desde sus dominios consolidados en el Norte de África extendían su zona de influencia hasta estas Islas que eran suficientemente conocidas y explotadas y a donde enviaban muslines (misioneros) como lo prueban otro texto árabe, datado en torno al año 1230, cuyo autor, el escritor musulmán Ibn al Zayyat al Tadili, analizado por Serra, (AEA, 17/71), indica que: “ He visto en Marrakús a un muslín que recorrió el país de los Yazula, después se dirigió a Nul Lamtam, pasó a la región de Dukkala y entró en las islas del mar del Magrig, en donde Alá le hizo ganar para su causa a multitud de gentes”, y añade: “He oído decir a dicho muslín que se apoda Abú Yahya al SaŽih, que en las islas del mar de Marruecos he encontrado gentes que no conocían el Islam y sus leyes, sólo los he abandonado cuando han sabido cumplir las plegarias del Tasbín”.
Otro texto, también árabe, escrito por Al Magribi, identifica a dichas islas como Canarias, que llama las Siete Islas Eternas situadas al oeste de la ciudad de Salé y que aparecen visibles y a simple vista en un día claro y despejado de calígene y donde se encuentran siete ídolos con figuras de hombres que indican que más allá no hay ni rutas ni caminos.
En otro texto árabe del siglo XIV, ya muy próximo al momento de la conquistas de Lanzarote por los normandos, aparece otro fragmento alusivo al conocimiento que se tenía de estas islas. Su autor Abu Ubaydn al Bakri dice en el libro que titula “De los reinos y los Caminos” que: “las Islas Afortunadas se encuentran pasado Tánger... Una que se llama Afortunada por que en sus valles y bosques se encuentran toda suerte de frutos excelentes que aparecen en estado silvestre, sin necesidad de cultivo...Las otras islas se encuentran dispersas a distintas distancias de la costa africana...Tomaron como base de exploración para otras islas, regresaron cargados de cosas maravillosas y excelentes y sus habitantes admirados de su presencia.
El citado Ibn Jaldún, ya nos habla de francos en las islas, precursores, tal vez de los normandos, o ¿eran vikingos asentados en estas Islas que habían encontrado durante sus correrías, de los siglos X y XI, que alcanzaron a todo el mundo europeo y atlántico conocido?
No obstante, lo expuesto ya ha sido también recogido por otros autores e investigadores conocidos.
Jamás estuvo en nuestro ánimo, en el debate en el que participó el público asistente a acto, de desvirtuar las teorías filológicas y lingüísticas del incansable investigador de nuestra cultura canario-africana, profesor Pablo De Luca, y especialmente en torno a la lengua hablada por nuestros antepasados en sus diversos momentos, que fueron muchos. Puesto que, si analizamos la más que probada existencia poblacional en estas Islas partiendo de una cronología posible, podremos datarla de entre tres mil-cinco mil años antes de Cristo (entre otras previsibles), por paulatinas desecaciones del Sahara próximo que obligaban al trasvase, y hasta la llegada de los normandos a Lanzarote en 1402, que son muchos años.
Evidentemente el mundo árabe no pudo influenciar demasiado en las poblaciones que ya habitaban estas Islas desde muy antiguo por la diferencia cultural y lingüística y por que el número de árabes dominantes sería muy pequeño comparado con la población autóctona. Por tanto se limitarían a su control y dominio sin profundizar demasiado en sus costumbres y tradiciones. Tal como indiqué a Álvaro Morera después de la presentación del diccionario: “la influencia árabe en Canarias sería similar a la ejercida por los romanos en Palestina (o en otras provincias del Imperio), donde dominaba Roma pero sin afectar profundamente la idiosincrasia cultural o idiomática de los palestinos de entonces, salvo que ocasionaran problemas al Imperio en cuyo caso actuaban con crueldad. Recordemos el tratamiento dispensado a Juan el Bautista o la propia tortura y muerte de Jesús el Nazareno a los que se acuñaba de locos como fórmula para desvirtuar su mensaje ante las masas…, muy de moda en todos los imperios dominantes y en todos los tiempos.