22.11.07

VESTIMENTA DEL PUEBLO GUANCHE



Un Pueblo afianza sus Raíces en su Historia. El Pueblo que no conoce su Historia, es un pueblo compuesto de huérfanos.

Eduardo Pedro García Rodríguez*

Uno de los elementos que definen la cultura de un pueblo es, sin duda alguna, los materiales que conforman su vestimenta. Estos materiales suelen ser los que proporciona el entorno donde desarrolla sus actividades la comunidad, especialmente cuando no se mantiene comercio con otros pueblos que puedan aportar materias primas más selectas, diferentes o de más lujo. En el caso del pueblo guanche, es indudable que las apreciaciones que los conquistadores tuvieron sobre la vestimenta de los antiguos canarios estaban influenciadas por los perjuicios propios de una sociedad recién salida de la edad media, que trataba con desprecio a todo aquello que fuera ajeno o extraño al entorno en que solían desenvolverse. Así, al observar que los guanches se despojaban de sus tamarcos momentos antes de entrar en combate, al objeto de quedar más desembarazados y poder moverse con más agilidad en el campo de batalla, al tiempo que utilizaban el tamarco enrollado al brazo como elemento protector ante los ataques del enemigo, esta costumbre fue narrada por algunos cronistas de manera peyorativa como que los guanches «iban las más de las veces desnudos».

No deja de ser significativo el hecho de un historiador canario, al que algunos intelectuales, con más ánimo de adular que con conocimiento de causa, no dudan en calificar como el "fénix de las letras Canarias". Entre los muchos errores de bulto que recoge en su obra"Antigüedades de las islas Canarias", tiene el siguiente: «Visto ya el modo que tenían de alimentarse los antiguos isleños, pasaremos a examinar su manera de vestirse, seguros de que también hallaremos en esa parte nuevas pruebas del remoto y común origen que les suponemos. Porque, si sus rebaños de ovejas les ofrecían largas cantidades de lana, ¿de donde provino que jamás se aplicasen a hilarla y a tejerla y sólo se cubriesen de pieles, juncos y hojas de palma?...». Está claro que tan insigne historiador desconocía que las ovejas que tenían los guanches es la oveja africana, de pelo corto como el de las cabras, y por tanto, no apto para hilaturas.

Inexactitudes como esta nos ha sido trasmitida machaconamente durante centurias con el firme propósito de hacernos creer que nuestros antepasados eran unos pobres brutos que sólo se cubrían con taparrabos, y es de lamentar que aún hoy, en pleno siglo XXI, se continúe sosteniendo este tipo de falacia desde determinados medios de comunicación social e incluso en los colegios de educación primaria, donde imparten la enseñanza maestros españoles y, lamentablemente, muchos canarios carentes del más elemental conocimiento de la historia de Canarias.

Con esta actitud de desprecio hacía nuestros ancestros, estos enseñantes foráneos inducen en nuestros jóvenes un sentimiento de rechazo hacía sus antepasados, los cuales les son presentados como algo extraño o lejano, pertenecientes a una etnia diferente, y no como a los abuelos de sus abuelos, consiguiendo así ir eliminando de las mentes jóvenes el concepto de pueblo diferenciado y autóctono, a cambio de imbuirlos de una serie de conceptos europeos (perfectamente orquestados) que son totalmente ajenos a nuestras raíces culturales, haciéndoles despreciar a sus antepasados, ignorando por imposición que éstos fueron portadores de una cultura milenaria que llegó incluso a enriquecer con aportes civilizadores a la incipiente sociedad europea de la baja edad media, cuyos descendientes hoy nos dominan y culturizan gracias a una conquista armada que fue harto sangrienta y cruel.

Otra de las imágenes que de nuestros ancestros frecuentemente pretenden trasmitirnos estos bárbaros, consiste en decirnos de manera peyorativa que vestían de pieles, como si el vestir de pieles finamente gamuzadas fuese sinónimo de atraso cultural.

Curiosamente, en la "civilizada Europa" cuna de estos bárbaros, el uso de pieles estaba restringido a la realeza, a la nobleza y a algunos altos miembros del clero, estando su uso vedado bajo severas penas a las clases populares, éstas debían conformarse con el uso de fibras de esparto o cáñamo, lino y burdo paño para sus vestidos, siendo el lino el tejido más fino que llegaron a usar hasta que el algodón, importado de las colonias americanas, les liberó de las fibras tradicionales, pues los paños importados de Holanda o Inglaterra, a costa de un derroche de oro, era privilegio de unos pocos potentados. Esto era así, hasta el extremo de que en los abordajes de los piratas españoles, éstos valoraban en la presa tanto el oro o la plata como los cofres conteniendo vestidos o piezas de telas.

En tierra, los salteadores de caminos asaltaban y mataban a los viandantes en ocasiones sólo por los vestidos que llevaban puestos. Por otra parte, el cuidado que los europeos de la época prestaban a su persona no era más exquisito del que prestaban a su vestimenta, como ejemplo podemos citar las referencias que sobre el particular nos proporcionan algunos historiadores españoles, éstos afirman que la reina Isabel, la católica, sólamente cambió de saya y se bañó dos veces en su vida adulta.

Es lamentable, que el desconocimiento a que se ha sometido a la población canaria sobre la vestimenta de nuestros antepasados, por parte de los poderes políticos imperantes y, sobre todo, por el clero, induzca a algunos canarios, guiados de la mejor voluntad, pero aceptado por ignorancia, imposiciones más o menos solapadas de los estamentos dominantes, el que nuestros antepasados vestían con azaleas, es decir, con unas pieles de ovejas apenas tratadas y que para más escarnio son pieles de ovejas Merinas, las cuales fueron introducidas en nuestro país después de la conquista. Da pena ver como en determinados actos religiosos participan algunas personas disfrazadas y que creen, de buena fe, que van "vestidos" de guanches.

Vamos por partes: Las ovejas que tenían nuestros antepasados eran las africanas, unas ovejas relativamente pequeñas y de pelo corto y liso, similar al de las cabras. Esta raza autóctona hoy en día está siendo recuperada, gracias a los desvelos de un matrimonio cubano afincado el Sur de Tenerife, aunque éstos le dan el nombre de oveja "Pelibuey". La oveja Merina, como hemos dicho, fue introducida por los conquistadores, precisamente porque precisaban de su lana no sólo para la obtención de materia prima para sus tejidos, sino que, además, era un producto altamente cotizado para la exportación. Por consiguiente, si la oveja Merino fue introducida por los españoles después de la conquista, no era posible que los guanches vistiesen las pieles de las mismas. No deja de ser un insulto a nuestros antepasados el creer, y hacer creer, que la capacidad intelectual de éstos era tan limitada que se dedicaban a danzar en honor de una imagen, cubiertos con zaleas de ovejas Merina con todo su pelo y ¡en plena canícula!.

Dejemos que sean los historiadores, más próximos a las postrimerías de la conquista, quienes nos describan la vestimenta de nuestros ancestros. Historiadores que, por lo visto y oído, no son conocidos por quienes dicen defender nuestra cultura "popular", y mucho menos por los que "enseñan y educan" a nuestros hijos y nietos. Para éstos, y para los que sienten verdadera inquietud por las cosas del pasado de Canarias, incluimos al final de este modesto trabajo una lista de algunos títulos que consideramos de interés para un mejor conocimiento de la historia de Canarias.

«Su traje era (porque no tenían género alguno de lino, ni de algodón) un vestido hecho de pieles de cordero o de ovejas, gamuzadas a manera de un camisón sin pliegues, ni collar, ni mangas, cosido con correas del mismo cuero, con mucha sutileza y primor, tanto que no hay pellejero que tan bien adobe los cueros, ni que tan sutil costura haga, que casi no se divisa, y esto sin tener agujas ni leznas sino con espinas de pescado o púas de palmas o de otros árboles. Este vestido era abrochado por delante o por el lado, para poder sacar los brazos, con correas de los mismos. Este género de vestidura era común, llamaron tamarco y era común a hombres y mujeres: salvo que las mujeres, por honestidad, traían debajo del tamarco una como saya de cuero gamuzado que les cubría los píes, de que tenían mucho cuidado, porque era cosa deshonesta a las mujeres descubrir pechos y píes. Este sólo era su traje de grandes y menores, y éste les servía de cobertura para la vida y de mortaja para la muerte.»

Fray Alonso de Espinosa.

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«El vestido de los canarios eran unos toneletes hechos de juncos majados muy juntos al cuerpo y tejidos que llegaban a la rodilla; y ceñíanlo por la cintura, y después se echaban encima unos pellejos cosidos muy primamente, que llamaban tamarco, en verano el pelo afuera, y en invierno adentro, muy galanos y pulidos; y en las cabezas, tocados de pellejos de cabritos, que desollaban enteros, y las garras caian por las orejas, amarrados al pescuezo; y algunos traían unos como sombreros con plumas en ellos; y los tamarcos y toneletes y los demás vestidos eran pintados de diversas colores de tintas, que hacían de flores y erbas. Y del mismo hábito usaban las mujeres de pellejos como refajos altos del suelo.

Criaban cabello y cojíanlo atrás, como trenzados con juncos majados. Hacía las costuras de los tamarcos y cueros, con tanto primor y delicadeza, que no hubiera persona que su vista no engañara, para afirmar que se hicieron con agujas muy delgadas y hilo preciado portugués, y los repulgos de muy pulidas labraderas. Traían calzados unos pedazos de cuero de cabras, atados con correas del mismo cuero crudo».

Fr. J. de Abreu Galindo.

«Las pieles adobaban a modo de gamuzas de que hacían su vestido. El primero y más pulido una tuniceta con medias mangas cerradas hasta la sangradera y por bajo de la cintura, era en hombres y mujeres principales. En las mujeres ponían encima como enaguas de faldellón otro atado a la cintura y después otra ropa que las cubría todas como casacón o sobretodo. En los hombres eran tres, el primero del modo que dijimos a modo de justa cor[...roto] la rodilla el último pieles más gruesas y largo hasta los pies.

Tenían calzado a modo de sandalias y medias de borceguíes. Los plebeyos andaban descalzos de píe y pierna y trasquilados barba y cabello y con un zumarrón de pieles sin costura por los hombros, los brazos de fuera y algunas veces con media manguilla y en lo interior tenían por la cintura cubiertas sus partes. Los nobles tenían cabellos largos, mayormente en lo alto de la cabeza le dejaban bien crecidos, y alrededor lo quitaban. La barba era larga y el bigote sobre la boca era quito.

El vestido le cosían con nervios y correítas hechas de tripas de animales, y con espinas de pescado y agujones de palo y tenían por leznas y eran costuras muy finas y excelentes las gamuzas eran muy buenas adobaban [...roto]...tenían mujeres dedicadas para sastre.»

Antonio Sedeño.

«Los canarios vestían telas de hojas de palmera tejidas junto con juncos, con admirable labor y artificio. Con éstas hacían ciertas faldillas, más o menos como las romanas, y se las ceñían por encima del talle, para cubrirse honestamente las carnes. Después con algunas pieles de cabras blancas, muy bien preparadas y cosidas, se vestían el busto; y encima, a manera de capa, llevaban en invierno dos más, con su lana, abiertas por un lado, como si fuese una hopalanda, a la cual llamaban tamarco. En lugar de sombrero llevaban una piel de cabrito doblada, a manera de escofia alemana, atada arriba, donde está el cuello, dejando colgar las pieles de las patas. Este traje, como se ha dicho en el capítulo precedente, se acompaña en los nobles con pelo largo, y en los villanos con la cabeza afeitada. Las mujeres vestían pieles preparadas como los trajes de piel que se usan en Lombardía y en otros lugares fríos; y con ellas, como con un traje talar, se cubrían desde el cuello hasta los píes. Los pelos los trenzaban con juncos en lugar de cintas y los dejaban caer libremente sobre los hombros, dejando la frente descubierta, como principal campo de sus bellezas. Todo cuanto se refería al vestido canario era tan bien hecho y artísticamente cosido, como más diestramente se podría hacer entre nosotros. La tela tejida con hojas de palmera fue tan admirada por aquellos que la vieron, que su inventora (que según dicen ellos, fue una mujer) merecía ser celebrada entre ellos, como si fuese una Aracne, famosa entre los poetas».

Leonardo Torriani.

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Quizás uno de los autores que con más detalles han descrito los vestidos de los antiguos canarios, sea el historiador canario don Tomás Marín de Cubas, cuando nos narra la entrega de la reina Arminda al masacrador de pueblos, Pedro de Vera, con cuya entrega se dio por totalmente conquistada y sometida la isla de Tamarant. (Gran Canaria) veamos como nos cuenta el suceso don Tomás:

«Después del mes de junio envió Pedro de Vera recado a D. Fernando Guanartheme, que hiciese venir á su sobrina (Arminda) con los demás nobles sus parientes, al Real, a entregarse como estaba pactado; y luego dieron orden de traerla desde Tirajana por Telde, sin que viniese con ella ningún cristiano español, traíanla en hombros cuatro capitanes nobles, de cabello largo rubio, en unas andas de palo a modo de parihuelas, sentada, vestida de gamuza a modo de badana o pieles adobadas, de color acanelado; venían delante de las andas cuatro capitanes con capotillo de badana llamados tamarcos, braguillas de junco, majos en los píes y guapiletes en la cabeza, y lo demás desnudo; al lado de las andas, algo hacía atrás, dos tíos suyos Faisajes, y después se seguía un grande acompañamiento de hombres, todos que servían de traer las andas a remuda. Salió Pedro de Vera con mucha gente al recibimiento, y ellos hicieron su entrega por medio de la lengua o intérprete, diciendo que allí venía la Señora de toda la tierra, heredera única y legítima hija de su señor Guanarthemy Guanachy Semidan, legítimo dueño y señor de la verdadera línea y sucesión de dominio y señorío de la tierra; y que ella entrega voluntaria, y todos sus tíos y parientes que allí venían, gobernadores de la tierra, en nombre y debajo de la palabra de su señor el muy poderoso y católico Rey D. Fernando entregaba su persona y personas al Capitán Mayor de los cristianos que allí presente se halla, que es Pedro de Vera, del Rey de Castilla y León. Pedro de Vera y demás caballeros la recibieron a píe, fue abrazando a todos con mucho cariño; traían todos los canarios el cabello suelto por las espaldas, y la Señora Arminda, que los españoles llamaron Almendrabella, traía vestido un ropón de gamuza con medias mangas hasta la sangradera y largo hasta los píes, y zapatos de lo mismo pespuntados, y vestía una tunicela debajo de la ropa con cuerpo de jubón a modo de justillo, de más delgada badana; era el cabello largo y rubio, aderezado con arte, y en él puestas algunas cosas de tocado que le habían dado a uso de España; y el faldellín pintado á colores; tendría veinte años, era gruesa y más de mediano cuerpo, robusta, el color algo moreno, ojos grandes y vivos y el rostro algo alegre y celebrada hermosura, la boca algo larga, la nariz pequeña, algo anchas las ventanas, el cuello redondo y crecida de pechos.»

Tomás Marín de Cubas.

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Creemos que con lo expuesto queda suficientemente aclarado que nuestros antepasados no vestían unas ridículas zaleas, tal como se nos ha venido exponiendo. Por el contrario, sabían aprovechar al máximo las fibras vegetales y pieles de animales que el entorno les ofrecía.