24.3.08

El PNC, ahora más que nunca

FUE en La Habana y por emigrantes canarios en una fecha, el 30 de enero de 1924, cuando se funda el Partido Nacionalista Canario bajo la presidencia de José Cabrera Díaz. Siglas cargadas de limpieza ideológica, que si bien en su primera época transitó por el camino del independentismo, que era el marchamo histórico del momento enmarcado por la sublevación hacia la libertad de las colonias americanas, bien pronto los que tenían las riendas de la organización optaron por la vía del autonomismo. Pensaron que en esa época de colonialismo rancio y a ultranza una autonomía para el archipiélago era más que suficiente para lograr el bienestar social y político que demandaba Canarias.
Fueron otros tiempos, no cabe duda. Pero en un momento como el de ahora, de convulsión posicional del nacionalismo en Canarias, donde a primera vista y tras recientes declaraciones de algunos de sus líderes parece que son irreconciliables conductas políticas tanto de un lado como de otro, donde, una vez más, como si fuera una constante que lleva al suicidio político, afloran viejos personalismos conducentes al desencuentro, ¿qué posición adopta el PNC?
El PNC, desde la vertiente histórica de ser el primer partido nacionalista de Canarias, desde una honestidad más que demostrada, y desde su visión universal del archipiélago, apostó, y por unanimidad, en el reciente Consejo Político Nacional presidido por Juan Manuel García Ramos, por la reunificación del nacionalismo canario (además, ese será el lema del X Congreso), cuya piedra de toque y como inicio del camino ha sido y es el vigente documento que recoge el acuerdo programático entre el PNC y CC.
De lograrse esta reunificación, lo ideal sería que fuese acogida bajo un único paraguas ideológico, con lo que se habría dado un gran paso, no sólo cuantitativo, sino cualitativo que redundaría en beneficio de lo que debe ser el objetivo nacionalista, cual es el fortalecimiento de Canarias como pueblo, como nación.
Si el nacionalismo canario llegara a tener claro que esto es y debe ser así, y se tienen las alturas de miras suficientes, y hasta la audacia, si se quiere, para encarar de manera decidida un proyecto nacionalista para Canarias sin timorateces y sin miedos ocultos, hoy, quizás más que en aquella fecha del 30 de enero de 1924, habría que ir hacia la consecución y reafirmación de un gran partido nacionalista para esta tierra.
Cuando los enemigos exteriores no sólo enseñan sus malas artes, sino que acuden a cualquier triquiñuela maléfica para confundir a nuestra gente, que cuentan con corresponsalías por todas las esquinas y con el único objetivo que tiene el nacionalismo español, que es dar un tajo definitivo y de muerte al nacionalismo canario, no cabe otra alternativa que tener a punto y bien afinaditos los reflejos; dejar atrás rémoras invalidantes, personalismos caducos y sacadas de pecho petulantes para, de una manera inteligente, ir hacia ese gran partido nacionalista. Partido que no habría que buscarlo en los anales de la historia porque esa misma historia nos está diciendo que lo tenemos ahí: el PNC. Ahora más necesario que nunca.
Juan Jesús Ayala