17.9.08

FILOSOFIA DE LA SOBERBIA Y SABIDURIA A LA LUZ DEL EVANGELIO, SEÑOR ÁLVAREZ

El gran vicio de la soberbia que notamos insistentemente en el Obispo católico de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, en sus cerrazones de “mollera”, pisoteando la FE de sus feligreses en relación con el incumplimiento de la promesa del pueblo lagunero de 1921, con motivo de la Guerra de África, produciéndose el milagro, el que “per se” nuestro Señor concedió. Y el pueblo por llegar sanos y salvos de la contienda bélica, cada mes de septiembre y con motivo de las fiestas dedicadas a nuestro Señor El Cristo, esa ciudadanía lagunera prometió procesionar acompañado SU SEÑOR por la Escuadra de Artilleros.

La soberbia del “ínclito” Álvarez, al igual que ocurriera en La Palma con la Bajada de la Virgen de las Nieves, destruye todas las virtudes en su conjunto y afecta no sólo a los mediocres y débiles incapaces de plantar cara, sino principalmente a quienes se han colocado en lo alto con el uso de su fuerza social, basados en aquello de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey.

El ser humano, ciudadano Álvarez, aspira a la grandeza espiritual, a alcanzar un ideal de FE y para lograrlo tiene dos caminos: “el de la humildad que como sabemos, es el camino que Cristo siguió y nos invita a seguir y no el de la soberbia que han escogido otros, de oficio el sacerdocio, en claras líneas de la apostasía predicha por Pablo.

La soberbia avasalla a las personas que no piensan como el soberbio que juzga, su palabra es, la verdad última, sin el rigor de la humildad en la toma de decisiones, cegados por el orgullo. Es el caso de ese clérigo del que nos venimos ocupando desde hace meses en este democrático periódico que es lalagunaahora, que dirige el historiador don Julio Torres. Así pues, cuando no se sirve a la verdad sino que “se” sirve de ella, el efecto vanidad surge con la finalidad de llevar la contraria, sin reflexión y la meditación oportuna, sin otra idea que no sea otra que estar por encima de los demás. “Ser dioses”.

Otras veces la soberbia, es la que nos causa más pesar, la que se disfraza de servicio o “pseudocaridad”, porque ese servicio a la comunidad, al prójimo, no consiste en “ser” para los demás, sino solo en “hacer”. La soberbia lastima, hiere, a los demás, pero sobre todas las cosas en el corazón amoroso del Padre ¿cómo un Padre de amor infinito y perfecto va a querer que un hijo Suyo pretenda ser como “dioses”?

San Agustín decía:”Conócete, acéptate, supérate”. Conózcase, monseñor Álvarez, sin caretas y mostrémonos frente a los demás tal como somos. ¿Estamos dando signos de probidad, de autenticidad y confianza al pueblo de Dios? Juan Pablo II decía:”Amor es lo contrario de utilizar la peor prisión que es un corazón cerrado. ¡Le suena algo, don Bernardo!

Señor Álvarez de las Breñas, ¿Es cristiana, católica, judía, musulmana, esas actitudes de andar por la vida de prepotente? Es preciso vivir con un oído en el pueblo lagunero que está con su Cristo y la Escuadra de Artilleros y otro en el Evangelio. ¡Basta ya de tanta soberbia que divide y machaca la Fe! Falta lo principal, algo sobre el ser humilde como hizo Cristo Jesús, que se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte (Lucas 14 y 18)).

Hacerse pequeño, humilde, en las grandezas humanas y alcanzar el favor de Dios. Que diría Unamuno:”quiero vivir y morir en el ejercito de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas con la santa libertad del obediente”

¿Es posible que no nos diga nada que vivimos en un Estado laico, o medio laico y los aplausos y vítores a la Escuadra del Cristo a la salida de La Concepción? ¿Será que el clero no lo toma como protesta de ese pueblo ya cansado de que se le manipule? ¿No nos dice nada las menores afluencias a las procesiones y los domingos y días de fiesta a las Iglesias para renovar los convenios con el Señor? A nosotros, cristianos nos dice que los fieles se retiran porque no se les respeta y no reciben mensajes de amor, humidad y comprensión sino de prepotencia y soberbia, por lo que nos permitimos decir: ¡mándese a mudar señor Álvarez de las Breñas! Lo sentimos pero… esta es nuestra manera de expresar nuestra filosofía y, además, que tomen nota esos que leen para buscar algún gazapo delictivo. AMEN

Fidel Campo Sánchez