19.4.09

EPITETOS ABREUISTAS

Se atribuye a Freud —de cuyo nacimiento se cumple este mes el 150 aniversario—el dicho de que nuestra civilización fue fundada por aquel primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle piedras. Llama la atención que después de tantos miles de años el espacio político en España y en algunos países iberoamericanos esté siendo ocupado de manera creciente por los insultos. Los sofisticados epítetos, "patriota de hojalata", "bobo de solemnidad", "acomplejado", "zafio", "taimado" aparecen el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna “el generoso y el ecuánimo”- último de nueva patente del “doctor” en lenguaje, señor Abreu - y otros que se han cruzado los políticos de nuestra nacionalidad o País en los últimos meses y los epítetos, quizá más simples y directos, del presidente venezolano a su colega el expresidente estadounidense —"burro", "borracho", "cobarde", "genocida"— ilustran bien este fenómeno. Nos recuerdan aquellas ristras de insultos con los que en nuestra infancia nos descalificábamos unos a otros por orden creciente de gravedad: "tonto", "burro", "idiota", "animal", "imbécil", nos parece que decíamos. A veces da la impresión de que nuestros políticos se han infantilizado quizá por su afán de ocupar los titulares de los medios de comunicación, que los sirven cual lacayos, con esas expresiones. A estas alturas del siglo XXI, nos parece que debemos pedir a los políticos que dejen de cruzarse insultos y que aprendan a estar en desacuerdo sin necesidad de enzarzarse en conflictos personales

A quienes nos licenciamos filosofía nos gusta de ordinario hablar entre nosotros, discutir, dar vueltas a las cosas, comprobar en qué estamos de acuerdo y en qué en desacuerdo. La experiencia universal sugiere —basta con recordar las reuniones de muchas comunidades de vecinos— que en la vida real es muy difícil lograr un verdadero diálogo por falta de tiempo, por carencia de espacios para comunicarse y, sobre todo, por falta de práctica. Nos parece que esto es lo que les pasa a nuestros políticos cuando se lanzan a insultarse unos a otros en los parlamentos, ayuntamientos y… o en los medios de comunicación: no saben discutir, no saben estar en desacuerdo y ni saben ni quieren llegar a un acuerdo. Cuando se les acaban las razones —que es muy pronto— sólo les quedan los epítetos infantiles que después difunden los medios de comunicación

No queremos políticos para la discordia, para esa pelea infantil de los insultos y las descalificaciones personales. Necesitamos políticos para la concordia. Y la concordia es siempre el fruto de una cierta sintonía de los corazones que saben que han sido elegidos para buscar acuerdos, para transformar los conflictos en acuerdos y así poder encauzarlos a través del diálogo por caminos de justicia y de paz. Lo primero es dejar de insultarse; lo segundo, comenzar a escuchar las razones de los demás.

Señorito Abreu: en la retórica del debate parlamentario cabe el respeto, la discrepancia pero lo que en absoluto no es de recibo es la falta de respeto al contrario, al bautizarlos con nombretes o epítetos como usted hizo en el pasado plenario bautizando al alcalde de todos los laguneros, incluido usted, que de haber utilizado por la Secretaría General el procedimiento adecuado, con el mismo rigor que hace hacia los colectivos ciudadanos, hacia sus impertinencias, no tendríamos que manifestar que doña Mercedes tiene algunos fallos o miedos que le hacen, a nuestro humilde parecer, utilizar diferentes varas de medir en la aplicación del Reglamento y del hecho de que vivamos en un Estado de Derecho y no el que a los Colectivos Ciudadanos y AA.VV. se nos vitupere y se nos califique como servidores del equipo de Gobierno. Es usted, con perdón, un total y absoluto impresentable pues hizo acusaciones de contubernios, acuerdos cafeteriles, funcionarios que nos disparan un tiro, en definitiva presuntas corruptelas no dando nombres o denunciando en los juzgados, como es su deber y obligación. Dejó en la nebulosa del tiempo acusaciones de corrupción o gangocheos entre la Corporación Municipal y algunos colectivos que pudieran referirse a la Fave, pues quien intervino en nombre de la misma es de Las Palmas y cuando usted, don Javier, utilizó el vocablo de “allende los mares”, comprendemos el que por sus carencias biológicas, su vista no sea precisamente la de un lince y que por ello no alcance a ver y leer con claridad en los libros que culturizan a las personas bien nacidas. De pena y vergüenza ajena, pues encima el Reglamento de Participación Ciudadana es tan pobre y especialmente preparado para ningunear las democrática participación ciudadana que, ni en el urgente desarrollo del mismo ni en el nuevo Reglamento Orgánico se da la oportunidad del necesario derecho de réplica por alusiones para, en el diálogo, ponerle un sálamo a quienes no respetan los derechos de los otros.

Fidel Campo Sánchez